
Untitled
- Mónica Carrasco García
- 23 jul 2023
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 24 jul 2023
Cuáles son los auspicios de los dioses para el día de hoy?
Cuando se inicia una jornada de reflexión previa a una cita electoral, quien más y quien menos, tiene una idea bastante clara de quién será el candidato a elegir para hacer de la Moncloa su próxima morada durante los cuatro años que dure, si es que los dura, el siguiente periodo legislativo.
Con inquietudes e intereses diferentes, ideologías divergentes, pero con un ánimo y un objetivo común: que respete y legisle con rectitud y sea merecedor del privilegio y responsabilidad que supone la gestión de la " Res Publica".
A pesar del progresivo deterioro del ejercicio de la política, causa común de la corruptela y el escaso uso del sentido común, en estos últimos tiempos, la política es, y debería seguir siendo siempre la noble práctica de la ética en el desempeño del servicio público.
No estoy criticando, con ello, al signo político que sale ni al que entrará pues es una crítica dirigida a todo aquel que ocupa un escaño en el Parlamento, diríamos desde la última década, independientemente del partido al que pertenezca y, por eso yo, personalmente y, cara a esta legislatura, me abstendré de votar.
Me abstengo, sí ,cómo podría votar en blanco si se tuviera convenientemente en cuenta : me abstengo con la esperanza de impulsar un cambio de pensamiento y como expresión válida de mi ira y mi insatisfacción contra determinados grupos de poder y contra las malas praxis que se han instaurado en nuestras cortes, contraviniendo nuestra constitución, nuestra cultura e insultando sin descanso a nuestro sentido común.
Y, así, despacho con displicencia su destino con el mismo desprecio y decepción con que en mi juventud abandoné el Consejo Directivo de Nueva Izquierda; agrupación actualmente extinta, como toda célula que se empeña en sobrevivir de fagocitarse a sí misma, y me adscribo a la petición del saludable proyecto francés de emitir un " voto en blanco" como elemento válido de castigo y como expresión legítima de la disconformidad; con la esperanza de que, aquí en España, llegue a implantarse algún día para que diputados de todo signo y gobernantes; congresistas y senadores, puedan contemplar tantos escaños vacíos como su representación proporcional en votos en blanco, y, ante su contemplación diaria, ellos mismos puedan a su vez sentir, la misma frustrante sensación y abatimiento que provoca la falta de seriedad y de compromiso político que padecen los diputados de nuestro tiempo
Debe ser que ya me estoy haciendo vieja porque añoro tiempos pasados, por mejores, e idolatro con morriña aquellos años en los que esperabas con expectación ver un debate de la nación, entre Fraga Iribarne y Felipe González, por ejemplo, como el que ansía ver un soberbio partido de tenis entre " lo bueno y lo mejor "; siempre repleto de ardiente deseo por conmover realmente el ánimo de los ciudadanos y convencerlos del voto; siempre luciendo brillante el argumentario: a la forma en que lo hace el que verdaderamente respeta y teme la opinión de quién le vota y no de quién pretende mofarse del intelecto del ciudadano.
Claro que, en aquellos tiempos, la prensa rosa más casposa no soñaba, ni por un instante, en hacerse eco de la clase política. Los había incluso que estuvieron casados, con una diputada del mismo signo, y nadie sabía quién era aquella ni cómo se llamaba: ni cuando fueron pareja, ni ahora ya que hace muchos años son ex y ni se recuerdan el uno al otro. Para bien o para mal, en el hemiciclo, parece ser, que todo es perecedero y todo se termina por o más allá del periodo electoral.
Si creen que soy dura, recuerden los tiempos de las manifestaciones cien milenarias y las huelgas generales de varios días, en todos los sectores para defender los derechos de tan sólo un colectivo. Eran tiempos de verdadera libertad y no de miedo y sometimiento extremo: libertad de expresión, religiosa, de pensamiento también para los medios y los periodistas; libertad para todos, y no sólo para el colectivo LGTBI. Eran tiempos en los que los baluartes de la política eran los estatutos de autonomía y la Constitución;
Eran los tiempos en los que la Soberanía Nacional residía, verdaderamente, en el ciudadano que no era una pelele sometido, absurdo, híper-vigilado. Sino personas libres que ejercían y hacían valer con orgullo la existencia de sus derechos .
Felicidades para los que entran y para los que salen, cierren por favor la puerta antes de salir.
Cada uno en su casa y Dios en la de todos y quien no crea en Dios es porque vive en la calle y en esas circunstancias es muy difícil conservar fe. Y es que las circunstancias son muy variables y por eso es importante ser humildes.
El que quiera entenderlo que lo entienda y el que no...






Comentarios