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La ruta de la seda: el sueño ruso de Gengis Kan

  • Foto del escritor: Mónica Carrasco García
    Mónica Carrasco García
  • 12 mar 2023
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 14 mar 2023

Desde que en 1207 la aristocracia Mongol proclamó a Temujin "Gengis Kan, Rey Universal, éste, se rodeó de ministros y servidores con la intención de unificar a todas las tribus mongolas y, con ellas, conquistar el mundo.

Así, en 1227, fecha de su muerte Gengis Kan había conseguido triplicar sus territorios y extender su vasto imperio hasta los principados rusos. Los mongoles, permitieron a éstos conservar su autonomía a cambio de la "protección" de la Horda del Oro: incluso el gran Principe de Kiev era designado por el Kan y debía jurarle fidelidad.

Los Mongoles llegaron a recaudar impuestos de distinta índole y a pedir tributos en todos los principados: además, los distintos principes debían comprometerse a dotarles de soldados y trabajadores para sus tierras.

Después de las violentas campañas de Gengis Kan quedaron sometidos toda la Estepa Euroasiática, China y buena parte del Oriente Próximo, motivo por el cuál, los Principados Rusos, no pudieron menos que sentirse rodeados y reprimir sus ansias de sublevación.

El primer historiador que puso atención a este recorrido, fue el viajero Marco Polo, que explica con gran interés la facilidad de desplazamientos en estos territorios, por tierra y por mar: eran las lindes de un inmenso crisol socio- económico y cultural donde, tanto la mercancías como las ideas circulaban a increíble velocidad.

Fue por este motivo que, precisamente, él, Marco Polo, bautizó este recorrido como " La Ruta de la Seda".

Huelga decir que los Mongoles supieron aprovechar con destreza todos los conocimientos y los inventos de los pueblos invadidos desde la China, hasta los Principados Rusos: desde la pólvora, hasta el papel moneda y, a utilizarlos en su provecho, tanto para prosperidad de sus propios territorios, como para la invasión de aquellos por conquistar. Los mongoles, continuarían avanzando, aún, hasta Mesopotamia.

Los territorios que hicieron tan poderoso a Gengis Kan, ( que incluso llegó a planificar, la conquista de Europa) traducidos a la situación de nuestro mapa geográfico actual serían los siguientes: casi toda Rusia, Siberia China, Ucrania, Bielorrusia, Rumania, la actual Turquía, Uzbekistán, Turkmenistán, Kazakstan, Kirguistán, Afganistán, Siria, Irán, Armenia,...,etc.

Gengis Kan fue un cruel y exitoso conquistador, pero no fue el único; a lo largo de la Historia se han sucedido otros líderes con un afán desmedido por expandir sus fronteras y acaparar páginas en los libros de Historia: Napoleón, Hitler, son un buen ejemplo de ello.

La Historia, siempre se repite.

Vivimos inmersos en un eterno bucle de acontecimientos, que repetimos incensantemente ante la incapacidad de aprender de los errores cometidos por nuestros precedesores. No en vano, escribió Nietzsche su teoría del eterno retorno (die ewige Wiederkehr) desarrollada en su libro, "Así habló Zarathustra" en el que apunta que -." Toda verdad es curva, el tiempo mismo es un círculo»,

Este pensamiento Nietzsche lo expone, nuevamente, de manera metafórica, en el capítulo titulado De la visión y el enigma, en el que Zaratustra tiene una visión en la que aparece la figura de un pastor atenazado por una serpiente, y ante cuya situación el mismo Zaratustra le conmina a morder la cabeza de la serpiente. El pastor está aterrorizado y paralizado por el asco, pero cuando finalmente corta la cabeza de la serpiente que tiene enfrente con sus propios dientes se libra de la opresión. Esta imagen, representa la liberación de lo opresivo: de la opresión del tiempo circular que produce hastío; y la decisión de morder la serpiente, es la representación de afrontar valientemente lo vital.


Por lo cual podemos concluir que la enseñanza implícita en el pensamiento de Nietzsche es que la vivencia de los acontecimientos " repetitivos "; la sucesión de vivencias paralelas, aún en distintos tiempos y con distintos nombres es, así, debida a la falta de gallardía ante los acontecimientos: a la falta de empaque a la hora de enfrentarse con las dificultades que la vida nos impone y que dotan a esta misma, a su vez, de consistencia.

Haciendo buen uso de nuestro propia capacidad intelectual y del ingente legado filosófico de nuestros mejores pensadores podríamos, nosotros mismos, por una vez, cambiar el curso de la Historia:


"Hay muchos que mueren demasiado tarde y algunos que mueren demasiado pronto. Y eso, es precisamente lo que nos enseña Zarathustra: hay que saber morir a tiempo"

 
 
 

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