“LA ROBOTIZACIÓN DE LAS PENSIONES O QUIEN PAGARÁ NUESTRAS PENSIONES CUANDO HAYAMOS MUERTO”
- Mónica Carrasco García
- 5 feb 2023
- 4 Min. de lectura
El auge de las nuevas tecnologías ha supuesto uno de los mayores motivos de avance de nuestro siglo; Gracias a ellas, que duda cabe, hemos conseguido dar respuesta a grandes desafíos de nuestra era como la reducción de las distancias interpersonales, la computación y cálculos a gran escala o las adversidades de la climatología en determinadas construcciones arquitectónicas, la logística y los transportes.
Todos estos grandes logros, unidos también, a los más visibles y llamativos de la ingeniería informática, han contribuído con sus numerosas aportaciones a crear una estrategia global de redes perfectamente sincronizadas y en armónica consonancia con el propósito para el que fueron creadas: facilitar la automatización de los procesos, la expansión de los mercados y el comercio y, con ello, de sus correspondientes áreas de negocio. Unir, vincular, crear redes clientelares; Acortar la duración y las distancias confluyendo en una reducción de los tiempos, minimizacion de los gastos y garantizar, así, la máxima eficiencia y permeabilidad de los procesos , con la consiguiente amortización de los costes y el aumento en la consecución de beneficios.
Pero no todo son virtudes: la tecnología y, la ingeniería informática, más concretamente, también tiene sus fallas y, cómo no, sus pequeñas sombras.
La más importante, por lo insoslayable y, por la gravísima incidencia que tiene en nuestras expectativas de vida actuales y proyección de futuro, como sociedad y, de forma conjunta, es, sin duda alguna, el auge de los sistemas de robotización y su progresiva expansión, no sólo en la industria, sino también en el sector servicios, e, incluso, en algún recóndito recoveco de nuestra vida cotidiana.
Si, en cualquier otro ámbito, su influjo benefactor, por su decisiva influencia en el desarrollo de las múltiples áreas de negocio que conforman nuestro sistema económico, es primordial e innegable , no ocurre, así, en todos los casos: si, con las primeras robotizaciones introducidas en la industria automovilística, como los famosos sistemas de Henry y John Ford ( tanto en EEUU como en Inglaterra) y sus primeros modelos productivos de montaje y ensamblaje de piezas, a través de sus cintas de producción en cadena , se consiguió un prodigioso aumento y mejora en todos los mecanismos de fabricación a gran escala, convirtiéndose, por consiguiente, en un patrón insustituible e indispensable para todos los estándares de negocio y principales líneas productivas en nuestras fábricas y, signo, indiscutible de mejora, desarrollo y prosperidad económica, también, ahora, son un signo preconizador de decadencia de un sistema abocado a su saturación ( por la falta de apertura de nuevos mercados) y un símbolo inequívoco de la amenaza invasiva que, con su presencia admonizan, para nuestra supervivencia, llevando en su propio sello creador, el estigma de, nuestra, de su auto- destrucción.
Si su auge y propagación en nuestro tejido industrial ha sido el motor fundamental e indispensable para la profunda modernización y mejora de nuestro sistema productivo, con sus revolucionarias reformas de los procesos de fabricación en masa y su inmenso potencial para amplificar su capacidad de expansión en los mercados, también lo serán, sin duda, del futuro aumento del desempleo de determinadas capas de población, menos cualificadas y originariamente ubicadas en el sector asistencial y servicios.
En complicidad con ciertas predicciones de Marx, acerca de sus teorías de las crisis cíclicas del sistema capitalista, y, aunque con otra orientación, estas peligrosas incursiones de cierto tipo de mecanismos robotizados, en áreas reservadas, tradicionalmente, a ciertos sectores de población trabajadora en edad productiva, causarán enormes e irreparables daños para nuestra red de protección social y sistema de pensiones : pérdidas ingentes en nuestro substrato económico, hasta el punto de llevar al borde del colapso al entramado socio- productivo y provocar una de las más graves crisis de nuestras estructuras actuales de economía de mercado o capitalismo económico.
Y es que, esta errónea e inoportuna intromisión en nuestra coyuntura : esta inesperada irrupción de los más pequeños avances tecnológicos en forma de androides o robots para la realización de ciertas tareas e, incluso, actividades, que originariamente estaban concebidas y destinadas a trabajadores del sector servicios o asistenciales, generará irreparables pérdidas, derivadas todas ellas, tanto de la falta de contribución que todo este capital humano inyectaba a nuestro sistema contributivo de aportación social, como por la desmesurada demanda que la falta de empleo provocará en las mismas.
La avaricia, desproporcionada e insolidaria de las empresas más punteras en estos sectores (sobre todo, en cuanto al ámbito de la ingeniería informática se refiere ) al introducir en el espectro de los Recursos Humanos, a sus robotizadas aportaciones (información, asistencia, limpieza, e incluso cocina). Está avaricia, tendrá cuantiosas y reveladoras consecuencias
Personas y, sus oficios, que son importantes, no sólo por el plus de valor y calidad que aportan con su desempeño, sino porque y, aunque, no sean pocos, es muy preocupante que no puedan reciclarse profesionalmente, por ellos mismos, y por lo que compete a nuestro tradicional sistema de retribución y contribuciones. Y, entonces, qué?.
Quién pagará sus subsidios y nuestras pensiones?
No podemos dejar cuestiones tan relevantes a merced de los avatares del libre mercado, pues los titanes de la industria quedarían amparados en los umbrales de un marco jurídico que no contempla ninguna medida de regulación de estos sectores y adolece de un gran vacío legal, en este sentido ; Aunque suene a medida conservadora , o de índole proteccionista , sería preciso plantearse la necesidad de legislar a este respecto y, únicamente, con el objeto de dotar de protección jurídica a una capa de población activa, que ha quedado, con la introducción de las mencionadas innovaciones tecnológicas, completamente descolgada del juego social; De un núcleo laboral, del que aún forman parte y, que por muchos años, aún les pertenece, aunque hayan sido desplazados temporalmente, por la inusitada incursión de estos androides en un área de actividad, destinada, inicialmente, a los seres humanos.
Moraleja: no permitas que el viento derrumbe tu casa, sólo porque un mal aire se haya filtrado por el alféizar de tu ventana




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