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El aborto legal: el gran logro del hombre del SXXI

  • Foto del escritor: Mónica Carrasco García
    Mónica Carrasco García
  • 12 may 2024
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 21 jun 2024

El Aborto, o sobre la Liberación del Hombre del SXXI


Existe una teoría acerca de la liberación de la mujer, o más bien, cientos de ellas, que radican, básicamente, en deshacerse de todos los " Clichés " o roles específicos característicos de su género con la agresividad de una ira ancestral contenida en el tiempo ; en concreto, la maternidad y la femineidad como las más significativas, de entre todas ellas.

Se degrada así, hasta el extremo cualquier manifestación social del género femenino, demonizándo cualquier rol tradicional atribuido al mismo, para venerar, paradójicamente, y a su vez, a sus postizos; me explico : a la par que se combaten los atributos femeninos y se denigran por caducos y auto- impuestos, se ensalzan y vituperan a los clones de lo mismo mientras sean artificiales y exigiendo por condición que no hayan nacido de dicho género: el femenino.

"Deshazte de todo aquello que te convierte en mujer", rezan las feministas de nuestro tiempo, que ya convertiremos a otros en los exponentes válidos de tu destruido género, parecen querer decir.

Y así, paulatinamente, el género masculino y, a través de estas féminas retardadas y traidoras del mismo, consolidan su venganza, implacable, por haberles quitado sus puestos en las Judicaturas y los Consejos de Administracion a golpe de tacón. silicona y pintalabios.

Paso a paso y, con la estrategia marxista del "enemigo infiltrado" han corroído desde dentro los escualidos cerebros de estas pobres ignorantes que, mediante la destrucción y decadencia progresiva del género al que pertenecen, se creen emponderadas.

Y así, mientras las mujeres más antiguas, "carcas" y tradicionales ostentan los mayores cargos en puestos e instituciones europeas, exhibiendo orgullosas sus anillos flamantes de infinitos diamantes y plúmbeo quilataje, en la mano izquierda, y el carnet de familia numerosa en la derecha, se sonrojan al reconocer al entrevistador de turno que no saben poner una lavadora, ya que esa tarea la realiza su anónimo marido para colaborar en las tareas del hogar cuando ellas viajan. Esto, ocurría ya, al menos cuarenta años antes de que estas " visionarías" de la liberación femenina hubiesen nacido.

A la par, y, sincrónicamente, las otras pobres desgraciadas ( en la doble acepción del término) se creen " libres" y "emponderadas" por exhibir sin pudor alguno sus pelos en los sobacos y todo el complementario arsenal misógino, en cuánto a lo estético, careciendo de ningún tipo de dignidad al ser humilladas, públicamente, ante la evidencia de que sus cargos y/o sus méritos profesionales se deben más a hincar mucho la rodilla que a hincar los codos ( aún no han comprendido estas féminas que la cosa funciona al revés) y por convertirse en carne de clínica abortiva para que el

"parteneire" de turno se marque un " dos por uno" deshaciéndose del incómodo "imprevisto " tan fácilmente como quien se alivia de paso en el W.C y después tira de la cadena.

Estas mujeres, aún no han comprendido que, la verdadera decisión, el verdadero "emponderamiento" consiste en valorarse a sí mismas anteponiendo un principio de auto-estima y dignidad y, así lo mismo, con su futura extirpe, a través de una correcta y meditada planificación familiar que comprenda la selección tanto del lugar, como de la fecha hasta, por supuesto al futuro patriarca de la progenie; no, ofreciéndose ansiosa y desesperada al primer cretino que se te cruza por delante, haciendo gala de falta de cerebro, excesiva necesidad de cariño o, un incontenible furor uterino, o todo a la vez.

Si hay algo que me gusta de los documentales de animales, que visualizo con devoción desde mi más tierna infancia, es que te inyectan esa dosis de humildad, tan necesaria en estos tiempos, al recordarte, sin pretenderlo, qué es lo que somos y de dónde venimos.

En la época de cría de casi todas las especies y durante el celo, saca a relucir la hembra gallarda su valía de raza y su valor de género, obligando al macho a demostrarle sus habilidades al cortejarla, bien construyendo el mejor nido para sus crías, bien demostrando su fortaleza y valentía o sus habilidades amorosas a través del colorido plumaje; su cante o su baile.

Cuando vuelvo a verlos ahora en reposiciones de Félix Rodríguez De la Fuente, David Athemborough o Jacques Cousteau, entre otros siento nolstagia y vergüenza de género: me reconozco entre estas hembras de los documéntales, veo en ellas mi reflejo, mi espejo y me retracto de mi especie; fundamentalmente, del género femenino.

Ese es el gran logro, para mi, del discurso femenista de nuestros días; y es que, a través del ejemplo en negativo, también puede uno llegar a encontrarse a si mismo.



 
 
 

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