top of page

CUENTO DE AMOR EN NAVIDAD: NARRATIVA

  • Foto del escritor: Mónica Carrasco García
    Mónica Carrasco García
  • 9 mar 2023
  • 4 Min. de lectura

Hasta los barrotes de su jaula llegaba un olor lejano de humedad condensada que empañaba sus fosas nasales y amenazaba con hacer lo mismo con el resto de su cuerpo; Aunque no hacía frío, el ambiente lluvioso de los últimos días hacía insoportable la existencia en aquel lugar cerrado en el que vivía.

Este hecho, sumado al vapor de agua impregnado de olores bizarros que se filtraban desde el otro lado del pasillo, le llevaban hasta el grado sumo de la desesperación.

Se preguntaba, en sus pensamientos, cuánto duraría su existencia y por qué se encontraba ahora allí, él, otrora corredor de campos abiertos, de riberas de ríos y escondite de matorrales; A diferencia de otros que había conocido tiempo atrás, y con los que compartió un breve tiempo de mazmorra, él, no había nacido en cautividad. Recordando, así, las últimas veces que su pequeña pituitaria había estado en contacto con la verdadera humedad, se hacía más palpable el por qué, ahora, esas ínfimas partículas de agua disueltas y atrapadas en su diminuta atmósfera, convertían su habitual ritmo respiratorio en un esforzado acto de lucha, en cadencia, contra la asfixia.

En el pasado, antes de ser raptado por aquellas odiosas criaturas, jamás se le hubiese ocurrido describir aquellas impregnaciones de agua condensada en el aire, como algo asfixiante.

Ahora, ya no tenía frío, pero tampoco calor. Vivía en un lugar blanco, iluminado por una fría luz que no conocía de matices ni de colores; Al lado de una fuente de calor que no sabía lo que era la luz.

Su única alegría, ahora, era aquel pequeño animal que venía a visitarle todos los días; ese, tan parecido a él y que, sin embargo, no pertenecía a su misma especie; Ese, que le observaba desde fuera de los barrotes con los hocicos curiosos y unos incisivos tan grandes que le llegaban casi hasta la mandíbula.

Me visitaba a diario y corría en derredor de mi jaula, juguetón, mientras yo le observaba divertido.Yo, que en otro tiempo hubiese hecho de él mi presa fácil: mi pequeña porción de menú del día.

Poco a poco, él se había convertido en el motivo por el que merecía la pena mirar por entre las barras paralelas de aquel minúsculo habitáculo mío: la única razón que me daba la esperanza necesaria para pensar que aquel mundo que habité un día, aún me esperaba y existía.

Sin embargo, ésto, no fue siempre así; Al principio, la presencia de Casius ( como se llamaba, por lo visto aquel pequeño espécimen) desató una vorágine de sentimientos encontrados hacia él, al descubrirme, por comparación, la sensación de inferioridad ante lo ajeno: ¿por qué él era libre y yo no? y, sobre todo: por qué él siempre se sentía feliz y yo tan desgraciado si vivíamos en el mismo sitio?.

Afortunadamente, aquella sensación desconocida y tan desagradable para mí, duró poco: pronto supe que, Casius, también vivía recluido en una jaula, ubicada en una estancia a poco menos de una yarda de donde yo estaba.

Casius era torpe, nervioso y un poco simplón, pero su valentía e insistencia en sacarme de mi ensimismamiento existencial aportaba a mi vida esa dosis de amable ternura por la que sobreviven las almas en penumbra.

Al contrario que yo, él no sufría ni parecía cuestionarse ningún aspecto de nuestra mísera supervivencia: no echaba de menos nada del día anterior, ni esperaba nada del día de mañana.

Y así fue que Casius, con su actitud, con su forma de aferrarse al existir, comenzó a contagiar mi alma con su estupida alegría, haciéndome echar de menos la noche que no venía y el día que no llegaba y, lo que antaño se me antojaba cretino, se tornaba, ahora, en indispensable.

Ignoro si Casius era consciente, en aquel entonces, de la brisa pacificadora que su sola presencia regalaba a mi espíritu, pero él parecía siempre ajeno a todo. A todos.

¡ Ay, cómo me desesperaba a veces su impermeable indiferencia!.

Fué por ello que, a pesar de estos cálidos sentimientos, me dejé arrastrar por el abatimiento y la debilidad de la inanición, hasta tal punto, que mis raptores decidieron cambiarme de sitio y dieron en colocarme en una habitación, donde había un extraño árbol del que en lugar de hojas, pendían grandes bolas de colores: aquellas, que, si las mirabas fijamente, te mostraban la imagen de un curioso animal, que contenían también, de seguro, encerrado dentro.

Además de eso estaba Casius, que, desde la jaula de al lado, me observaba impertérrito con su habitual, rítmico e involuntario movimiento bigotil. Parecía barruntar mi estado de ánimo y me radiografiaba a través de su impávida mirada.

A la mañana siguiente y, en una de sus habituales visitas a mi jaula, Casius, desapareció. Trás varios segundos de nerviosas vibraciones que convirtieron mi jaula en un barco zozobrante un día de marejada en alta mal, el mundo se paró.

Sin comprender nada aún, alcé la vista con expectación y, lo que ví, insufló mi espíritu con un júbilo perturbador: Casius oteaba desde arriba, dejándome el paso abierto a través de la que fue, hasta el momento, la portezuela de mis desdichas, la clausura de mis esperanzas y mis mejores recuerdos.

Esforzándome porque mi ansia y mis entumecidos músculos no diesen al traste con aquella inesperada visión libertadora, me afané por llegar hasta arriba, donde Casius me esperaba para dar por finalizado mi cautiverio y, sin darme tiempo siquiera a recuperar el resuello tras la subida, Casius se lanzó escaleras abajo hasta llegar a la entrada de dónde un día olía partir aquel espeso y pútrido olor.

Sin perder el tiempo y, sin mirar atrás, Casius luchaba por abrirse paso, empujando, por el hueco existente entre una puerta con cristales y su quicio; un minúsculo espacio que separaba la morada de mis captores con el campo abierto; una ranura que lindaba con el paraíso.

Casius se paró allí mismo, mirándome con estupefacción, mientras me cedía el paso a un universo de Sol, de árboles y de nieves y me marcó para siempre abriendo para mí la frontera de la Libertad.

 
 
 

Comentarios


Publicar: Blog2_Post

657404892

Formulario de suscripción

¡Gracias por tu mensaje!

©2023 por Mocarwinx. Creada con Wix.com

  • Facebook
  • Twitter
  • LinkedIn
bottom of page