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CHUMINISCENCIAS- VII

  • Foto del escritor: Mónica Carrasco García
    Mónica Carrasco García
  • 28 abr 2023
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 30 abr 2023

Desde el principio de los tiempos han existido personas pertenecientes a ambos extremos del espectro intelectual, pero vivímos en un siglo incierto y desequilibrado; acosamos y despreciamos a personas y colectivos que han existido durante toda la Historia de la Humanidad, para defender colectivos inventados, sólo, por aparentar estar acordes con los tiempos y ser modernos, pero con un ánimo extremadamente superficial, frívolo; insensible.

El Síndrome de Down, por ejemplo, o SD, ha existido desde los inicios de la Historia de la Humanidad, pero no fue hasta el año 1866 en que comenzó a estudiarse y que debe su nombre al apellido del médico británico John Langdon Haydon Down, que intentó definir las características clínicas que tenían en común un grupo concreto de personas, sin poder determinar su causa.

Existen distintos tipos de Síndrome de Down, pero, lo que no sabe mucha gente es que en no pocos casos, las diferencias pasan a limitarse a sus características físicas.

Presumimos de avanzados e integradores, pero somos obcecados y excluyentes: nuestra " modernidad " consiste única, y exclusivamente, en cambiar nuestro aberrante discurso de " demonización social " de unas víctimas a otras.

En una Sociedad, como la actual, únicamente preparada para aceptar la mediocridad, y los movimientos LGTBI hemos excluido y condenado a estos dos extremos, al olvido y al destierro.

Es humillante y deleznable vivir en esta sociedad de necios; de locos.

Si eres " Trans" la Sociedad te acepta y adula con una veneración insana y, porque no decirlo, con un fuerte transfondo de temor; si eres SD, tan sólo pasas a formar parte de los supuestos legales de aborto; para ellos no hay comprensión, ni presupuestos; para los superdotados, tampoco hay programas.

Ni que decir tiene que, ser superdotado o padecer Síndrome de Down, es una característica genética y, por tanto, imposible de ser sustancial o parcialmente modificada; como si mides 1'80 o tienes los ojos color gris metalizado: ninguna acción humana podrá modificar jamás esta realidad.


Estas personas tienen todo el derecho del mundo a ser consideradas y exigir, como cualquier grupo social, un trato adecuado y adaptado a sus necesidades.

Al fin y al cabo, su exclusión no nos ha aportado nada ni enseñado a evolucionar, ni como seres humanos, ni como sociedad; por su inclusión, no lo sabemos: aún no hemos tenido las agallas ni la decencia moral de comprobarlo.

Es difícil, con esta línea de pensamiento, tener fe en que esta situación podría cambiar a mejor cuando viramos el timón en sentido contrario: propugnamos dignificar y admitir en nuestras sociedades a personas que dicen pertenecer a un género contrario al genético o tener un sentir diferente al dictado por su sexualidad órganica, pero discriminamos despiadadamente a otros colectivos, sobre los que vertimos toda la pesada carga de nuestra existencia mientras buscamos los resortes normativos para deshacernos de ellos: son los supuestos para la eutanasia de menores, de los más mayores, de las personas con SD e, incluso, de los superdotados, aunque por otros medios.

Su mera existencia es motivo suficiente para el fastidio de sus familias y de la Sociedad ,en general; esa que se confabula en su contra, utilizando toda suerte de disculpas para justificar su incomodidad ante el que acusan como dependiente o, como diferente.

Sus estadísticas no influyen ni interesan si no es para refrendar la opinión de que estos particulares seres, son molestos, inoportunos, innecesarios; tanto, como las crecientes estadísticas de las MUJERES violadas por "mujeres trans" a las que se tuvo la sensibilidad de no incluir en los módulos para presos del género masculino , para impedir, precisamente, que fuesen violadas por estos mismos y que lo agradecen convirtiéndose, a su vez, en sus violadores; es decir: gracias a la "Ley Trans", agresores sexuales y profanadores del género femenino, que estén en la cárcel por este motivo y que hayan solicitado un cambio de sexo durante este proceso, serán a su vez, libres para decidir si quieren permanecer en ese módulo o cambiar al módulo de mujeres, de tal forma que las presas MUJERES tendrán que convivir con un agresor sexual en sus propias instalaciones por imperativo legal y, con todas sus posibles consecuencias. Ellas no tendrán libertad de elección, por supuesto.

En algunas ocasiones y, si no fuera por las evidencias físicas de sus embarazos

he estado tentada en pensar que Irene Montero no es una MUJER sino un hombre "trans"- infiltrado y que esta " traidora de género " nos haría un gran favor si se decidiese de una vez a salir del armario, de aprovecharse del erario público para sus insensateces y que, así podamos, al menos, vivir en paz.

 
 
 

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